San Pedro Sula. Era enero de 1972 y el partido Real España contra el Santos de Pelé mantenía en vilo a Honduras. Claro, el afamado equipo brasileño llegaba a San Pedro Sula con una figura que ya pertenecía a la historia del fútbol mundial: Edson Arantes do Nascimento.

El brasileño ya era tricampeón mundial con Brasil y considerado por muchos como el mejor futbolista del planeta.
Su presencia en Honduras provocó una verdadera locura. Miles de aficionados llegaron al aeropuerto Ramón Villeda Morales — en aquel entonces conocido como La Mesa — para recibir a la delegación brasileña y ver, aunque fuera por unos segundos, al astro del fútbol mundial.
La expectativa era enorme. El Gran Hotel Sula, donde se hospedó la delegación del Santos, se convirtió en punto de encuentro para periodistas, aficionados y curiosos que buscaban una fotografía o un autógrafo.
Pero había que proteger a Pelé. La fama del brasileño hacía imposible que pudiera descansar con tranquilidad junto a todo el plantel, por lo que se tomó una decisión especial: alojarlo en el motel Vitanza, ubicado en el bulevar del Norte, en el lugar donde años después funcionaría el Seguro Social.
Vale aclarar que aquel establecimiento no era un motel como se entiende actualmente, sino un hotel que ofrecía privacidad y comodidad para sus huéspedes.
El rival del Santos fue el Club Deportivo España, que todavía no llevaba el título de «Real» —distinción que recibiría años después—. Para enfrentar al poderoso conjunto brasileño, el España armó un equipo reforzado con jugadores provenientes de Olimpia, Motagua y Marathón.
Las entradas tenían precios que para la época representaban un verdadero acontecimiento: Silla, 25 lempiras;
Sombra, 10 lempiras y
Sol, 5 lempiras.
El escenario fue el estadio Francisco Morazán, que recibió a más de 15,000 aficionados. El coloso sampedrano estaba completamente abarrotado. En aquellos años todavía no existía la gradería de Sol Sur, por lo que la distribución del estadio era muy diferente a la actual.
El partido terminó con triunfo del Santos por 3-1. Los goles brasileños fueron obra de Ferreira, Nené y Pelé, mientras que Pedro Caetano marcó para el España.
Pero más allá del resultado, dos momentos quedaron para siempre en la historia de aquel encuentro, ambos con un protagonista inesperado: el árbitro hondureño Armando «Chulampín» Cedillos.
La primera escena ocurrió cuando Pelé ejecutó un espectacular tiro libre que terminó en el fondo de la portería. El público celebró el gol del ídolo brasileño, pero Chulampín no dudó: lo anuló. La razón era sencilla y reglamentaria: había señalado tiro libre indirecto y la pelota debía ser tocada por otro jugador antes de entrar al arco.
Pelé, acostumbrado a los grandes escenarios del mundo, tuvo que aceptar la decisión del árbitro hondureño.
La segunda anécdota ocurrió al final del partido. Con el tiempo reglamentario cumplido, los jugadores del Santos comenzaron a señalarle el reloj a Cedillos, esperando que decretara el final del encuentro.
Pero Chulampín, fiel a su personalidad y a su particular manera de dirigir, les respondió con una frase que pasó a formar parte del folclore futbolístico hondureño:
«¡No jodan! Son 20,000 dólares los que están cobrando; aquí nos va a agarrar la noche jugando. Echen pi#&».
Así era Chulampín Cedillos: un árbitro de carácter fuerte, polémico, pero también dueño de esas ocurrencias que con los años se convierten en leyendas.
Aquel día de 1972, Honduras no solamente recibió al Santos de Brasil, recibió al campeón del mundo, al futbolista que llenaba estadios en cualquier parte del planeta y quien también fue testigo de una de esas historias que hacen que el partido Real España contra Santos de Pelé sea inolvidable 54 años después.

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